Que Cantarte La Justa no sea exceso de honestidad

Este post habla sobre algo que aprendí y re aprendí en estos días. Se trata un poco de la diferencia entre ser sincero y cometer «sincericidio». Y otro poco de comprender la importancia que tiene el poder ser flexible y mostrar distintas facetas de nuestro ser. Eso no necesariamente implica ser falso o careta, sino que puede estar evidenciando un aprendizaje fundamental sobre las distintas caras, facetas o perfiles que podemos adoptar frente a distintas situaciones. Es aprender a desdoblarse y manejarse socialmente y esa es una habilidad muy valiosa.

En suma, aprendí que ser honesto no siempre quiere decir ser frontal y decir las verdades de manera bruta y cruda. Hablar de frente está bien. Pero escupir las verdades como quien saca un veneno por su lengua viperina no suele ser algo que la persona que te está escuchando suela recibir con los brazos abiertos. Así que bueno, aquí vamos con el artículo.

Lo que solía pensar hasta hoy…

Hasta hoy solía confiar en que el principal valor era la honestidad y que si eso implica decir la verdad y que la verdad ofenda, entonces que así sea. Consideraba que ser honesto te daría pocas amistades pero buenas, y que de esa manera podías ahorrarte muchos problemas puesto que aprenderías a no caretear ni disfrazar una cosa de otra.

Pensaba también que cuando uno tiene que decir la verdad de manera cruda y bruta, la forma en que se diga queda en un segundo o tercer lugar. Esto resulta un poco conveniente y solía darme una buena dosis de impunidad si lo que decía ofendía al otro. Porque por un lado si es verdad lo que digo eso puede tener algún valor, pero si lo digo de una manera que ofende al otro, lo que diga pierde buena parte de su valor. Porque ¿de qué sirve ofender al otro si se supone que lo que le estamos diciendo es para ayudarle o para que lo use a favor o bien pueda valerse de ese conocimiento para modificar algo? Ofender no parece tener mucho más sentido que deleitar a nuestro ego.

Entonces ¿me estás proponiendo maquillar la verdad?

Pues no. Primero que nada te estoy invitando a pensar que nadie tiene LA verdad. Luego que llegues a comprender que parte del sentido de decir a alguien algo que piensas tiene que ser contribuir con el otro en algo, ayudarle; no solo mirar tu ombligo y pensar en sacar afuera lo que te está dando ganas de vomitar adentro. Hay un término medio entre maquillar o disfrazar la verdad y dejarla al desnudo. Debes vestirle acorde al clima del momento.

Esto además trae aparejado el hecho de que no siempre conviene decir lo que uno piensa, y no siempre conviene decir todo lo que uno piensa. Que hay que poder medir las palabras para decir lo justo, lo que importa en ese momento y lo que resulta súper ultra necesario decir, sin agregar cosas innecesarias o decir cosas que puedan perjudicarte más adelante.

Es algo así como cuando te dan ese típico pero tan buen consejo que dice «debes elegir tus batallas». No puedes pelearlas todas al mismo tiempo, porque eso incrementará la probabilidad de que sucumbas en la gran mayoría. Debes -como dice aquel libro del Guerrero de la Luz- reunir tus ejércitos y prepararlos para la batalla que quieres y puedes enfrentar en un momento dado.

Caras y caretas: cuando estás atento a lo que la naturaleza intenta mostrarte

Eran las cinco y veinte de la madrugada del sábado pasado y no lograba dormirme. Había tenido una semana de esas que no se pueden tener siempre en el trabajo porque sino no podríamos vivir tanto.

El sol despuntaba ya en el cielo del amanecer. Ya después de un rato comenzó a hacerse notar con la intensidad tanto de su calor como la de su luz. Y entonces se produjo un fenómeno bastante curioso para mí.

El sol encontró la sombra de los árboles que afuera se mecían al compás del viento. Un haz de luz solar se metió por una hendija del postigo de mi ventana. Y así el sol proyecto en el ropero blanco un juego de luces y sombras que daba lugar a lo que parecían distintas caras, facetas o perfiles humanas, algo así como caricaturas humanas, las típicas de las tiras cómicas, con narices prominentes y demás. Entonces me quedé allí en silencio y contemplando el espectáculo, del que en un momento se me ocurrió documentar al menos un poco. Aquí te dejo el testimonio: